viernes, 8 de agosto de 2014

31. Carta a los Hebreos


Tratado de teología donde se hace una apología o defensa acerca del sacerdocio de Cristo.

I. INTRODUCCIÓN

Esta carta ha despertado asombro y perplejidad. Asombro, por su lenguaje solemne. Perplejidad, debida a los conceptos y símbolos de difícil interpretación. Perplejidad, al escuchar que esta carta no es carta, ni la escribió san Pablo, ni está dirigida a los hebreos. La inscripción “a los hebreos” pudo haber surgido por la fuerte influencia que el judaísmo helenista tuvo en este escrito.

Difícilmente encontraremos un escrito más estimulante, en el que mejor se vea reflejado el cristiano y la comunidad creyente, que recoja nuestras vivencias y problemas con tanta hondura y humanidad, como lo hace la carta a los Hebreos.

Ningún escrito del Nuevo Testamento ha plasmado con tanta audacia y profundidad la más grave tentación que puede dar al traste con la identidad cristiana, tanto a nivel personal como comunitario: la tentación del cansancio. Un cansancio proveniente no del trabajo –cosa normal y perfectamente explicable-, sino de la
pérdida de vista de las dimensiones reales del misterio cristiano, de sus exigencias determinantes, de sus esperanzas gratificantes.


II. OBJETIVO DOCTRINAL: Conocer la admirable y perpleja carta a los hebreos.


III. OBJETIVO VIVENCIAL: Agradecer a Dios que nos haya mandado a su Hijo Jesucristo, único Sacerdote eficaz de la Nueva Alianza.


IV. TESIS: La carta a los hebreos es una homilía o tratado de teología donde se hace una apología o defensa acerca del sacerdocio de Cristo, superior al sacerdocio levítico, para dilucidar dudas y animar a los cristianos en momentos duros de persecución para que se mantengan fieles a la grandeza de su fe, así como Dios es fiel, y no se dejen llevar por el cansancio de la lucha por la fe cristiana, cediendo al abandono del camino emprendido, a la defección total, a la apostasía. ¡Vale la pena ser cristiano!


V. EXPLICACIÓN DE LA TESIS:

1.         Autor, fecha y destinatarios
Se creyó que era de san Pablo. Pero las dudas sobre su origen paulino proceden de la diferencia de estilo y de la concepción teológica. Además el tema central del sermón, el sacerdocio de Cristo, no se encuentra nunca explícitamente en las cartas de Pablo. Más bien, se estima que lo escribió un oyente de Pablo.

Los destinatarios son ciertamente cristianos, y lo son desde algún tiempo. Ni siquiera es evidente que se trate de cristianos procedentes del judaísmo. No se descarta que se trate de comunidades donde se dejaba sentir el influjo cultural de los judeocristianos. Es una comunidad que está atravesando un momento difícil, una crisis típica de la segunda generación: indolencia y descuido de la fe, poco aprecio de la salvación traída por Cristo, abandono de las reuniones de la comunidad, donde se comunicaba el amor cristiano. El autor califica esta situación como grave, ya que constituye una merma importante en la fe y se puede llegar a una verdadera apostasía.

¿En qué año fue escrita esta carta? Más o menos entre los años 70 y 90.


2.         Características literarias
a)         Lenguaje solemne, como los discursos de la antigüedad.
b)         No es carta, sino pieza oratoria, escrita para ser pronunciada oralmente. Es, pues, una homilía o sermón en el que se expone oralmente y se defiende el misterio de Cristo a la luz de la historia de la salvación y de la Escritura.
c)         Sabe combinar el aspecto doctrinal y apologético con el exhortativo y lleno de consuelo.
d)        Sus afirmaciones son contundentes, macizas.


3.         División y contenido temático
a)         Primera parte (1-2): habla de la posición salvífica de Cristo, que es más válida y ventajosa para los hombres que la de los mismos ángeles.
b)         Segunda parte (3-5, 1-10): proclama las excelencias del sacerdocio de Cristo y exhorta a fiarnos de ese Sacerdote digno de crédito.
c)         Tercera parte (5-10): es la parte central y la más amplia; desarrolla los aspectos específicos del sacerdocio de Cristo, invitando de nuevo a la fe y a la confianza.
d)        Cuarta parte (11-12): se ocupa más en particular de dos aspectos básicos de la vida cristiana: la fe y la constancia.
e)         Quinta parte (12-13): introduce el tema del comportamiento cristiano en su doble dimensión: hacia Dios y hacia los hermanos.


4.         Contenido teológico y espiritual
Fin de la carta: inculcarles la preexcelencia de la Nueva Alianza sobre la Antigua y exhortarles a intensificar la fe y la esperanza en Jesucristo, Salvador eficaz y definitivo, dado que muchos estaban en peligro de perder la fe y volver al judaísmo, no sólo por las persecuciones a que estaban expuestos, sino más bien por la lentitud de su progreso espiritual y la atracción que ejercía sobre ellos la magnificencia del Templo y el culto de sus tradiciones.

El contenido teológico-espiritual de la carta es éste:
1)         Jesucristo es el único sacerdote santo, misericordioso y digno de crédito, que con su sacrificio en la cruz, con su muerte y resurrección, con su ascensión e intercesión, nos ha salvado y abierto las puertas del cielo, instaurando la nueva alianza. Sólo Él nos ha salvado con su obediencia al Padre.

2)         Hebreos destaca la contraposición entre el nuevo culto y el antiguo, al que califica de ineficaz. Sólo por la sangre de Cristo puede el hombre purificar su corazón y vivir su conversión interior y su comunión con Dios.

3)         Todo esto trae consigo el compromiso de vivir con intensidad y constancia la esperanza y la fe, sobre todo en los tiempos duros y de prueba, y así no caer en la apostasía, en el enfriamiento de la fe. Fe y constancia son dos actitudes especialmente necesarias para cristianos de la segunda generación.

4)         Nos ayudan en este camino de la fe fuerte y recia algunos insignes personajes del Antiguo Testamento. Se subraya el carácter paradójico de la fe que no tiene y sin embargo posee, que no ve y sin embargo conoce, que sirve para salvar y para poner en evidencia, es decir, para condenar. Dentro del ciclo patriarcal, la figura de Abrahán ocupa el centro de la escena. Su fe, que está en el origen de las promesas divinas y que le hace superar la prueba de tener que sacrificar precisamente a su hijo, depositario de las promesas, es modelo para todos los descendientes. En Moisés, la fe le hace superar todos los sufrimientos y tribulaciones que inevitablemente lleva consigo la fidelidad a Dios. La fe, pues, inicia, mueve y culmina toda la aventura del éxodo y la conquista de la tierra, acontecimientos cruciales en la historia del pueblo de Dios. Sin la fe no se explica esa historia y tampoco podría explicarse la del pueblo cristiano. Por tanto, la fe es garantía de pleno éxito, tanto para alcanzar la gloria como para afrontar las más duras dificultades. Por lo mismo, hay que correr recio el estadio de la vida para ganar el combate de la fe, despojándonos de todo aquello que dificulta la agilidad; en este caso se trata de despojarnos del pecado, que es el obstáculo fundamental.


5)         Valor del sufrimiento: es algo con lo que hay que contar y no debe ser considerado como un castigo de Dios. Al contrario, las pruebas y los sufrimientos nos corrigen, nos transforman, nos perfeccionan, y son una demostración de la solicitud paternal de Dios para con nosotros.


6)         El actuar cristiano: se sintetiza en dos aspectos: buscar la paz y la santidad. Santidad que no significa directamente perfeccionamiento moral, sino apartamiento existencial del mundo y comunión con Dios. Este actuar cristiano se concreta en esto: amar a los hermanos, respetar el matrimonio, vivir desprendidos de los bienes terrenos



CONCLUSIÓN: Terminemos esta carta diciendo que este Cristo Sacerdote es la causa del sacerdocio ministerial, del que participan todos los sacerdotes; y al mismo tiempo, Cristo es la alegría de todo sacerdote.



ORACIÓN: Señor, a ti te reconocemos como Sacerdote de la Nueva Alianza y te agradecemos la obediencia a tu Padre, gracias a la cual nos redimiste con tu sangre. Te pedimos que todos los sacerdotes se parezcan a Ti, sobre todo, en ese deseo de inmolación continua y en esa muerte de sí mismos, para dar vida al mundo. Amén.

(Fuente: catholic.net)

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