Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
Durante este tiempo hemos hablado sobre la Iglesia, sobre
nuestra santa madre Iglesia jerárquica, el pueblo de Dios en camino.
Hoy queremos preguntarnos: al final, ¿qué fin tendrá el
pueblo de Dios? ¿Qué será de cada uno de nosotros? ¿Qué debemos esperarnos? El
apóstol Pablo consolaba a los cristianos de la comunidad de Tesalónica, que se
hacían estas mismas preguntas, y después de su argumentación decían estas
palabras que son entre las más bellas de Nuevo Testamento: “Y así estaremos
siempre con el Señor”.
Son palabras simples, ¡pero con una densidad de esperanza
tan grande! “Y así estaremos siempre con el Señor”. ¿Ustedes creen esto? ¡Me
parece que no, eh! ¿Creen? ¿Lo repetimos juntos tres veces? ¡Y así estaremos
siempre con el Señor! ¡Y así estaremos siempre con el Señor! ¡Y así estaremos
siempre con el Señor!
Es emblemático como Juan, en el libro del Apocalipsis,
retomando la intuición de los Profetas, describe la dimensión última,
definitiva, en los términos de la “Nueva Jerusalén, que descendía del cielo y
venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo”.
¡He aquí lo que nos espera! Y entonces, esto es la Iglesia:
es el pueblo de Dios que sigue al Señor




