Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Continuando con estas catequesis sobre la familia, hoy
quisiera hablar del noviazgo. El noviazgo tiene que ver con la confianza, la
familiaridad, la confiabilidad. Confianza con la vocación que Dios dona, porque
el matrimonio es, antes que nada, el descubrimiento de una llamada de Dios.
Ciertamente es algo bello que hoy los jóvenes puedan
elegir casarse sobre la base de un amor recíproco. Pero la libertad del vínculo
requiere una armonía consciente de la decisión, no sólo un simple entendimiento
de la atracción o del sentimiento, de un momento, de un tiempo breve… requiere
un camino.
El noviazgo, en otros términos, es el tiempo en el cual
los dos están llamados a realizar un trabajo bello sobre el amor, un trabajo
partícipe y compartido, que va en profundidad. Se descubre poco a poco el uno
al otro, es decir, el hombre ‘aprende’ acerca
de la mujer de esta mujer, su novia; y la mujer ‘aprende’ acerca del hombre de
este hombre, su novio. No subestimemos la importancia de




