Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
¡La Primera Carta del Apóstol Pedro lleva en sí una carga
extraordinaria! Es necesario leerla una, dos, tres veces para entender, esta
carga extraordinaria: logra infundir gran consolación y paz, haciendo percibir
como el Señor está siempre junto a nosotros y no nos abandona jamás, sobre todo
en los momentos más delicados y difíciles de nuestra vida. Pero, ¿cuál es el
secreto de esta Carta, y en modo particular del pasaje que hemos apenas
escuchado (Cfr. 1 Pt 3,8-17)? Esta es la pregunta. Yo sé que ustedes hoy
tomarán el Nuevo Testamento, buscarán la Primera Carta de Pedro y la leerán con
calma, para entender el secreto y la fuerza de esta Carta. ¿Cuál es el secreto
de esta Carta?
El secreto está en el hecho de que este escrito tiene sus
raíces directamente en la Pascua, en el corazón del misterio que estamos por
celebrar, haciéndonos así percibir toda la luz y la alegría que surgen de la
muerte y resurrección de Cristo. Cristo ha resucitado verdaderamente, y este es
un bonito saludo para darnos los días de Pascua: “¡Cristo ha resucitado!
¡Cristo ha resucitado!”, como muchos pueblos hacen.
Recordándonos que Cristo ha resucitado, está vivo entre
nosotros, está vivo y habita en cada uno de










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